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martes, enero 05, 2010

Cómo meterle un susto a Esteban Arce

Incluso los más despreciables conjuntos de células, como Esteban Arce, nos brindan en ocasiones la invaluable oportunidad de comprobar como funcionan los medios comerciales de comunicación, que resulta ser de una manera muy diferente a lo que alguna gente cree.

Por principio y de una buena vez: al ver un programa de televisión abierta o sintonizar una estación en AM o FM no se aumenta lo que llaman "rating". No hay manera para saber -directamente- quién ve qué, a qué hora ni por qué canal o frecuencia. Punto y se acabó. La única forma de que los anunciantes y los medios de comunicación tienen para medir cuántos son y en dónde está su auditorio -vital información para poder cobrar estos últimos a los primeros- es de manera indirecta a través de la aplicación de encuestas a muestras seleccionadas por edad, sexo, educación o economía, en estudios con grupos de opinión y otras actividades propias de la parafernalia estadística.

Es decir... mientras no te pregunte un desconocido en la puerta de tu casa o por tu teléfono (o en una cámara de Gesell en las oficinas de Nielsen o algún asociado o competencia de ellos) qué canal o estación de radio escuchas junto con otras predecibles preguntas, reitero, no se pueden enterar.

Por lo que, habiendo entendido los dos párrafos anteriores, basta ver o escuchar el programa de marras (sí, lo sé, a veces es difícil, pero hágase el intento como ejercicio de concentración) y lápiz y papel en mano, tomar nota de cuáles son las marcas que se publicitan durante el mismo, determinar de qué anunciante son y publicar los nombres de las compañías, sus direcciones físicas, de Internet y teléfonos para dar oportunidad a que el público, aquella masa que con su dinero enriquece a los anunciantes al adquirir sus productos o servicios, se queje por la reprobable conducta de quien sigue un guión escrito por un guionista pagado por un productor que recibe dinero de la publicidad que el medio comercial recibe del que se anuncia. Fácil, ¿no?

Pues le podemos agradecer al conjunto de células que trabaja como histrión de Emilio Azcárraga Jean, tal y como lo hace también Carlos Loret de Mola y varios kilogramos de protoplasma animado más, como Adela Micha, lópez dóriga (siempre en minúsculas) y otros, de permitir meterles un susto, un gran susto, tocándoles la parte en donde más vulnerables son: los que les pagan, es decir: SUS ANUNCIANTES.

Así que basta con recopilar y publicar en Internet la lista de ANUNCIANTES quienes pagan con su publicidad los salarios de los actores, maquillistas, peinadores, vestuaristas, utileros, iluminadores, tramoyistas, sonidistas, camarógrafos, eléctricos, productores, directores, guionistas y editores (entre otros) del programa de Esteban Arce. Comunicarnos con ellos por correo convencional, fax, teléfono, email, Twitter, Facebook, haciéndoles saber -siempre pacífica, respetuosa pero ENERGICAMENTE- que son ellos los que están hablando en boca del pobre histrión que pone su cara frente a la cámara, y que sus productos o servicios están siendo asociados a un comportamiento, como es el caso que nos ocupa, homofóbico. Notarán que es cuestión de horas para que las llamadas telefónicas entre anunciantes, agencias de publicidad y relaciones públicas y gerencias de comercialización de los medios de comunicación se pongan muy activas.

¿Quieren meterle un susto a Esteban Arce? Ya saben como.

Ah, aplica también para el programa de Adela Micha, Yuriria Sierra o del conjunto citoplasmático que quieran aterrorizar.

miércoles, abril 02, 2008

En defensa de Loret de Mola

Resulta repugnante tener que salir en defensa de este juvenil conjunto de células metrosexuales, pero creo que es necesario hacerlo después de haber estado leyendo y escuchando comentarios sobre la actuación de esta reunión citoplasmática con maquillaje.

Creo que entre el auditorio televisivo existe el error generalizado de conceder gratuitamente el grado de "informador", "periodista" o incluso un llano "comentarista" a quienes se les denomina más bien con el certero y despectivo término de "talking heads", cabezas parlantes.

Una "cabeza parlante" no necesariamente es un informador aunque tal vez informe --bien o mal-- con lo que dice. No es un comentarista, ya que sus aportaciones no son propias, aunque esto les resulte difícil de creer a muchos, sino que siempre siguen un guión pre establecido. Por supuesto que no son periodistas, ya que simple y sencillamente no lo son, ni siquiera el mal llamado "ticher" lopezdoriga (así en minúsculas) lo es, basta escuchar lo que dice por radio, leer lo que escribe en Milenio y compararlo con lo que sale diciendo en la tele para que uno, fácilmente, se de cuenta de que el individuo es un mentiroso, un actor o un esquizofrénico.

¿Qué es pues una "cabeza parlante"? Es un profesional de los medios de comunicación que puede ubicarse certeramente entre un merolico y un actor de telenovela. ¿O qué? ¿No les parece extraño cuando Loret de Mola aparece con barba y bigote de tres días al salir a cuadro "informando" desde (el exterior) de la mina de Pasta de Conchos o las lejanas costas afectadas por el tsunami en Indonesia? ¿En serio alguien cree que no tuvo tiempo (o agua, como él decía desde Banda Aceh) para no afeitarse? ¿Creen ustedes que no hubo quien, desde la dirección del programa, que diera la orden de que mantuviera ese "look"? La pregunta es retórica, la respuesta es evidente: a huevo que sí.

Me explico. Loret de Mola, como la gran mayoría de los que aparecen en las pantallas y bocinas de los noticieros son "actores" especializados en noticias. Tienen las propiedades histriónicas para ponerse serios y compujidos cuando se les ordena. Ser cándidos y complacientes cuando esa es la instrucción desde la producción del programa u hostigar al interlocutor si es que tienen dada esa instrucción "desde arriba".

Platicando ayer con miembros del equipo de Andrés Manuel López Obrador que estuvieron presentes durante el "performance" de estas células metrosexuales en cuestión ante las cámaras, nos confirman que el staff del estudio les confiaban que la "línea" era evidente. Claro. Es que siempre (siempre) es así. ¿O qué? ¿Hay alguien aquí que piense que no?

La "línea" existe siempre, sutil o impúdicamente hace que haya una "coherencia editorial" entre todos los noticieros de la emisora. Las "cabezas parlantes" hacen su trabajo, como lo hace Jorge Salinas en el mismo canal unas horas más tarde. ¿Por qué tendría que ser distinto? ¿Sólo por que pensamos --equivocadamente-- que son periodistas?

Ahora bien, si queremos hacerle llegar nuestro sentir y nuestro pensar, no malgastemos nuestro esfuerzo con él o con quienes le dieron la "línea" o instrucciones actorales. ¿Para qué?

No. Si en serio se le quiere decir que es lo que pensamos de su actuación ayer por la mañana, recurramos sencillamente a quienes sí tienen agarrados de sus "partes nobles" (if any) a la producción del programa: LOS ANUNCIANTES.

Nada más divertido que poner en un brete a quienes dan de comer a todos los de la producción del programa de marras. A llamar por teléfono, a enviar emails y correos en carta a quienes hacen posible que los que hacen el programa cobren un sueldo. Como siempre, sin amenazas ni insultos, simplemente advirtiendo que a pesar que se gasten los millones en publicidad, su marca o producto será asociada a un individuo que no es más que un mal merolico frente a las cámaras.