lunes, junio 21, 2010

"¿Qué va a hacer México, sin ti, Monsi?"

Por una puerta lateral de Bellas Artes algunas personas se asomaban curiosas y entraban al oscuro interior. Subiendo una sección de la escalera de mármol y siguiendo el flujo de personas que ya se encontraban apretujadas en el entrepiso se llegaba donde centellaban los flashes: "Cheli" Sáizar pronunciaba los últimos fonemas de su discurso a nombre del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA).



Unos minutos antes se había abierto la entrada al homenaje a Carlos Monsiváis al público en general. Hasta poco antes sólo habían sido admitidos al interior del Palacio altos funcionarios federales, familiares y algunos amigos cercanos.



Llegó hasta el podio negro Elena Poniatowska donde expresaría con gran sentimiento "¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi?", mientras la gente comenzaba a entrar masivamente al recinto. Los mariachis que siguieron a la sentida participación de Poniatowska se sintieron falsos, teatrales y parte de "el programa oficial" de "festejos" federales. Para entonces el público colmaba ya el entrepiso e ignoraba las insistentes órdenes de las edecanes del acto.



"¡Viva Monsi!", "¡Monsi es del pueblo!" y "¡Es un honor estar con Monsiváis!", se escuchaba del airado público que no entendía por qué una "guardia de honor" del selecto grupo que se encontraba en el área de invitados especiales les impedía mostrar a ellos su respeto ante el ataúd.



"¡Monsi no es vi-ai-pí!" corearon varios, Cheli Sáizar discutía con varias personas, sonriendo sin demasiado motivo. "¡Fuera!" se escuchó gritar a una voz con fuerza, los organizadores del gobierno federal tuvieron que hacerse a un lado para que la gente pudiera, de docena en docena y por breves segundos, formar parte de la guardia de honor alrededor del féretro. Espontáneamente se inició un gran aplauso junto al ataúd, se fue expandiendo por pasillos y escalinatas de mármol y emotivamente se mantuvo por varias minutos sin decaer.




Una valla se formó al centro de la escalinata principal del Palacio. Varias voces comenzaron a cantar el himno nacional mexicano y los pocos compases ya era entonado por todos. Al terminar, el ataúd fue levantado en hombros y descendido por la escalera rumbo al exterior acompañado de la consigna "¡Es un honor estar con Monsiváis!", dejando aislada a la comitiva federal en lo alto.




El féretro fue recibido en el exterior por miles que no habían podido ingresar ya a Bellas Artes. "¡Goya, goya..."! gritaban varios cuando la carroza fúnebre se puso en movimiento hacia el Eje Central, donde segundos más tarde partiría, acelerando de manera sorpresiva, rumbo al Zócalo.